JUICIOS SUMARIOS

JUICIOS SUMARIOS
enero 24 18:46 2011 Imprimir esta nota

Don Samuel y Juan Pablo II
Porfirio Santibáñez Orozco

Hasta hace poco tiempo se decía, aunque eso no fuera del todo cierto, que la muerte nos igualaba a todos; la posmodernidad, el mundo globalizado, el capitalismo salvaje o como se le quiera llamar avanzan hacia la eliminación de ideas como esa, aparentemente innocua, y que a pesar de ello está dejando de ser vigente; posiblemente más temprano que tarde surgirá alguien que quiera mandar a esa y muchas otras similares al cementerio de los pensamientos inútiles y los objetos inservibles.

El pórtico de nuestro panteón de San Miguel, en la ciudad de Oaxaca, luce un letrero que cada vez es menos cierto gracias a los afanes de los señores del dinero y del poder: “Postraos, aquí la eternidad empieza, y es polvo aquí la mundanal grandeza”.

Qué diferente ha sido el trato que tanto los medios de información como las variopintas jerarquías le están dando a las muertes de Juan Pablo II y Samuel Ruiz; más de uno, incluso, se atreverá a decir que compararlos es un despropósito; sin embargo, el verdadero despropósito es el trato tan diferente que se les da en la medida en que, por las razones que sean, al primero lo quieren canonizar de la manera más rápida posible y al segundo lo van a ignorar y minimizarán lo que hizo hasta donde les sea posible.

Para un sector de la sociedad, la muerte del Tatic Samuel Ruiz es una pérdida irreparable porque prácticamente será imposible que surja, en el sureste mexicano, otro prelado con la jerarquía que él recibió que defienda a los pobres entre los pobres de este país, los indígenas, con el calor, la valentía y la lucidez con las que él lo hizo.

Por su lugar en la jerarquía católica, Don Samuel fue un acompañante incómodo para diferentes elites inmersas en una sociedad con los valores humanos trastocados; chocó con varios integrantes de una jerarquía social atrabiliaria, antihumana, que le da una importancia excesiva al poder, el dinero y a sus políticas salvajes, depredadoras, y deja en un rango de menor alcance las ideas que defendió el desaparecido: el respeto a los derechos humanos de los indígenas, la libertad que deben asumir las organizaciones sociales así como la primacía que se debería otorgar a las orientaciones de la colectividad.

El guión de lo que sigue ya está escrito: en poco tiempo, cuando se cumpla el segundo milagro que ya se anda buscando, tendremos un santo nuevo y un intento más de borrar la labor de un integrante de la misma iglesia; así se manejan las cosas en la jerarquía y en la sociedad cuya dirección quisiera borrar de la historia la secularización, la laicidad y otros avances que, merced a la obra de hombres como Don Samuel, volverán por sus fueros con mayor vigor en el momento menos esperado. Abundaremos…

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