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Los nuevos mexicanos

Nuevos mexicanos

Por José Luis Camacho López para oaxacaentrelineas. No todos sabían el himno nacional escrito por Francisco González Bocanegra, ni siquiera los dos primeros párrafos. Personal de la Cancillería les repartió a todos y todas el texto de los “Mexicanos al grito de guerra hasta…” “Un soldado en cada hijo de dio…” El único que pasó la prueba de la transparencia fue Álvaro José Moreno Avellán de origen nicaragüense, quien llegó a México hace diez años para realizar sus estudios de neurología clínica, neurofisiología clínica, monitoreo transquirúrgico en cirugía funcional de epilepsia.

Fue uno de los 178 inmigrantes que entró como extranjero a la residencia presidencial de Los Pinos y salió como mexicano. Todos con su carta de naturalización que los acredita desde el 27 de marzo de 2013 como ciudadanos mexicanos con todos los derechos y obligaciones. La mayoría de ellos, latinoamericanos, de El Salvador, Costa Rica, Chile, Perú, Uruguay, otros de la República Checa, Marruecos, España…Martha Alicia, Elizabeth, Bazan Alí, Alfredo, Ximena, Fátima, Terciana…

Álvaro fue el orador de los nuevos mexicanos en la explanada de la residencia de Los Pinos, en un acto efectuado a un lado del monumento a Francisco I. Madero. El presidente Enrique Peña Nieto entregó 20 de esas 178 constancias de naturalización. El acto fue emotivo

Álvaro llegó al país a completar su formación profesional en el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía, que lleva el nombre de Manuel Velasco Suárez, una de las instituciones mexicanos del más alto nivel científico. Hoy Álvaro es maestro, forma nuevos profesionales de esas complejas carreras de la medicina. Ahora tiene aquí a su familia.

Su primera experiencia en México fue con el chile habanero. Lo sufrió en los tacos de cochinita pibil con cebolla. Ahora, a diez años de distancia de su llegada a México, ha recorrido la mayor parte de la república. Sigue asombrado de la diversidad del país, de sus similitudes y diferencias, de su variada comida, de sus tradiciones, de las celebraciones y desde luego, lo dijo con orgullo en la explanada de Los Pinos, del tequila.

Ha recorrido sitios arqueológicos, desde el emblemático Monte Albán, en Oaxaca, hasta las Minas del Cobre, en Chihuahua y las paradisiacas playas de Cancún y Acapulco, que no las podía dejar de mencionar. Cita con orgullo pertenecer a la Universidad Nacional Autónoma de México, y comprende lo que significa ser puma.

Se asombra de la rivalidad de los aficionados del futbol, de las pasiones que se desatan en los juegos entre Chivas-América y su asombro no termina cuando esos fanáticos olvidan todas estas diferencias “cuando juega la Selección y todos nos ponemos la verde”.

Hace ya mucho tiempo que siente mexicano. “Fui muy rápido y agradablemente adoptado por esta tierra, en mi lugar de trabajo por mis amigos que, como mencionaba, se volvieron mi familia, convirtiéndose, sin que se diera cuenta en qué momento, también, en mi Patria. Y digo también, porque cómo olvidar la tierra que me vio nacer, Nicaragua. Siempre va a estar en mi corazón”.

Es de los nuevos mexicanos que hablan bien de México. Reconoce en México un país “de oportunidades infinitas y grande en todos los aspectos de desarrollo profesional y personal, con personas maravillosas, con lugares paradisiacos”, que le dio el trabajo que soñó tener, que le permitió conocer a la mujer que ama, a su familia, que siempre le hizo sentir en casa desde su llegada al país. Álvaro reconoce que siempre fue tratado como un privilegiado, por lo que siente el compromiso de seguir trabajando duro y retribuir todo lo que esté a su alcance a su nuevo país, México.
Ahora cada vez que canta el himno nacional se le hincha el corazón y se le eriza la piel al entonar el “Mexicanos al grito de guerra…” que no todos esos nuevos 178 mexicanos que recibieron sus cartas de naturalización, con pequeñas banderitas en la mano, a pesar de su entusiasmo, lo sabían. Son los nuevos mexicanos.

Ser mexicano, les dijo Peña Nieto, es más que una nacionalidad, es un gran compromiso.