Pongamos todo en perspectiva // Carlos Villalobos
Durante años, los medios de comunicación construyeron su relevancia desde un lugar bastante claro: eran el punto de entrada a la información. Si querías entender qué estaba pasando, ibas ahí, hoy ya no es así, la información no se busca, aparece.
El estudio “Understanding Young News Audiences at a Time of Rapid Change” del Reuters Institute y la Universidad de Oxford lo deja bastante claro: el 39 por ciento de los jóvenes entre 18 y 24 años se informa principalmente a través de redes sociales, mientras que solo el 24 por ciento lo hace en sitios o apps de medios tradicionales. Instagram (30 por ciento), YouTube (23 por ciento) y TikTok (22 por ciento) son hoy las principales puertas de entrada. Plataformas que no están diseñadas para informar, sino para retener y en ese entorno, la noticia compite en igualdad de condiciones con entretenimiento, opinión, memes o cualquier otro contenido que logre captar atención.
Por eso no sorprende que muchos jóvenes ya no “busquen” noticias, les aparecen. En un scroll, entre videos sin contexto previo y muchas veces sin intención de encontrarlas, cambia todo. Aunque el 42 por ciento aún dice preferir leer noticias, el 32 por ciento ya opta por verlas en video. La lógica de consumo se está moviendo hacia formatos más inmediatos, más digeribles, más emocionales.
El problema es que esa transición no viene sola, viene acompañada de una caída en el interés. Solo el 35 por ciento de los jóvenes dice estar interesado en las noticias, mientras que hace una década era el 60 por ciento. Mientras el interés baja, ahí entran los creadores.
El mismo estudio señala que el 51 por ciento de los jóvenes confía más en influencers que en medios tradicionales (39 por ciento). No necesariamente porque informen mejor, sino porque conectan distinto ya que hablan en un lenguaje más cercano, más directo, más entendible para quienes crecieron en ese entorno.
En paralelo, empieza a aparecer otro actor: la Inteligencia Artificial (IA) un 15 por ciento de los jóvenes ya la usa para informarse. Pero solo uno de cada tres queda satisfecho. Es decir, todavía no resuelve del todo la necesidad, pero ya está entrando a la conversación.
Lo que está pasando no es que los medios estén desapareciendo dejaron de ser el centro. Ahora compiten en un ecosistema donde la atención es fragmentada, donde la confianza se construye de otra forma y donde el formato pesa tanto como el contenido.
Lo preocupante no es que los jóvenes consuman información en redes, más bien que cada vez se interesen menos por ella.
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