El celular de los políticos

Por Horacio Corro Espinosa
Yo creo que en todo restaurant pasa lo mismo. Ahí escuchamos a nuestro alrededor diferentes sonidos musicales que van desde una sinfonía de Beethoven mezclada con el tema del chavo del ocho, o la canción más macha o más aceda pero que está de moda. Se trata del timbre de los celulares.

En la mesa de junto una mujer de voz chillona gira instrucciones a su cocinera acerca de lo que debe hacer para la comida del mediodía. Un hombre a la derecha regaña a su empleado por el error que acabó de cometer en el negocio, etc.

Parece que con el teléfono celular se acabó la privacidad. Es fácil enterarnos de que nuestro vecino de mesa prepara una salida con alguien que no es su esposa. Que la señora de más allá esta recién casada y etc., etc.

La primera vez que vi a alguien hablar por teléfono celular, fue en el año ‘89, más o menos. Era un político que caminaba por los pasillos de su oficina mientras hablaba por su aparato. Terminó su llamada, colgó y siguió su marcha mientras le daba el tabique de cemento a uno de sus guaruras.

Dos años más tarde, donde yo trabajaba, me dieron un celular del tamaño de un tabique rojo, me lo colgaba al cinturón y así salía a la calle. Supongo que la gente me veía como persona importante, pues no cualquiera tenía uno. Bueno, yo suponía que la gente me veía de la misma manera como yo lo había hecho con el político que les acabe de contar.

El tiempo ha pasado y la tecnología ha cambiado. Hoy, veinte años después, los celulares ya se cuentan por millones. Lo usa casi todo mundo, desde los niños de la escuela primaria hasta los tatarabuelitos, y a nadie le llama la atención que traigas uno. Bueno, a los rateros sí.

El teléfono celular es, por un lado, un gran aliado para vencer las dificultades de los tiempos y las distancias, y por el otro, es el más metiche que jamás hayamos conocido. El celular parece que tiene derecho de interrumpir nuestras comidas, las citas de negocios, los velorios y hasta nuestro sueño.
La gente ha llegado a tal dependencia con este aparato que ya no se puede imaginar cómo resolvería su vida sin él. Se sienten totalmente incomunicados, desprotegidos e incompletos. Así ando yo en este momento, en serio. Se me descompuso el moderno y ahora cargo un viejito que parece entre tabique y caja de bolear zapatos. En serio que sin celular de ultima tecnología me siento como desnudo.

El celular ha dejado de ser un símbolo de status económico por lo que ya no tiene ningún sentido exhibirlo. Pero no sé si se hayan dado cuenta ustedes, tal vez si, lo que sucede en las reuniones del Gobernador Gabino Cué, con sus funcionarios. Mientras uno habla, el resto comienza a clavar el pico, pero no por aburrimiento. Lo cierto es que, entre sus piernas, exploran su teléfono. Le dedicaban más atención a sus celulares que a la reunión misma. Esa actitud comunica que es más importante el Facebook y el twitter que los asuntos que ahí se tratan. Me han platicado secretarias, que sus jefes tardan más en el baño que en sus escritorios. Yo sí les creo.

Twitter:@horaciocorro
horaciocorro@yahoo.com.mx

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