* Es favorable recurrir al mayor número de elementos para que las acciones logren los resultados deseados, expusieron Juan Ramón López Vargas, Michelle Munive, Álvaro Madrigal, Esther Pérez Macías y Ernesto Díaz Espinosa
Ciudad de México.- La función de la información estadística depende de cómo se interpretan las cifras y se correlacionan con las demandas sociales; los datos identifican problemáticas sociales, pero requieren interpretación y contexto para la toma de decisiones, coincidieron especialistas.
Durante la conferencia “El uso de la información estadística pública en las ciencias sociales: reflexiones a partir de la intercensal”, organizada por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el maestro en Ciencias Políticas y Administración Pública de la Universidad Nacional, Juan Ramón López Vargas, resaltó:
Las estrategias gubernamentales no deberían sustentarse en la experiencia, sino en información que sirva para conocer quiénes conforman la población, dónde viven y cuáles son sus requerimientos. Las estadísticas oficiales no se limitan a números, gráficas o tablas, pues proveen elementos para entender la realidad social.
En su exposición, Michelle Munive, representante del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), detalló que este organismo produce información en materia de población, economía, territorio y el medio ambiente a través de censos, encuestas, registros administrativos y mecanismos geoespaciales.
Mencionó los instrumentos y productos que pueden consultarse en el portal, entre ellos tabulados, mapas e información geográfica.
Munive señaló la relevancia de analizar las metodologías aplicadas para calcular los indicadores y aprovechar las utilidades disponibles, a fin de hallar la documentación específica.
De gran utilidad
Al hacer uso de la palabra, Álvaro Madrigal, demógrafo del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), se refirió al uso de la información en la planeación de proyectos de movilidad y transporte.
A partir de su experiencia en la Secretaría de Movilidad de la Ciudad de México, los datos poblaciones, los estudios de campo y las entrevistas sirven para el diagnóstico de requerimientos de traslado, estimar la demanda y definir posibles conexiones entre los sistemas de transporte.
Ejemplificó el caso del Cablebús, cuya afluencia inicial fue subestimada frente a la cantidad de personas usuarias que utilizan el servicio. Esto evidencia, dijo, que las proyecciones cuantitativas deben complementarse con el conocimiento de las condiciones locales y las prácticas cotidianas de la población.
La especialista en Políticas Públicas por el Centro de Investigación y Docencia Económicas, Esther Pérez Macías, precisó que los indicadores distinguen patrones, desigualdades y características de una población, pero no determinan por sí mismos cuáles deben ser las prioridades públicas ni cómo resolver los problemas detectados.
Al referirse a la Encuesta Intercensal, remarcó su valor para renovar los indicadores entre los censos y apoyar la planeación territorial.
Además, estimó crucial tener en cuenta los criterios teóricos y las metodologías detrás de las cifras, al igual que incluir investigaciones cualitativas que ayuden a desentrañar procesos sociales que no siempre pueden captarse en una encuesta.
Contar con información confiable es indispensable, pero no garantiza que una política pública se materialice como fue diseñada.
En ese sentido, argumentó que los datos deben articularse con las relaciones sociales, los procesos de negociación y las condiciones políticas e institucionales en las que se adoptan las resoluciones.
En tanto, el representante de la Unidad de Política y Estrategia para el Resultado de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Ernesto Díaz Espinosa, recalcó que la estadística es vital para el sector privado y el ámbito profesional. Interpretar una cifra requiere preguntarse qué significa, a quiénes afecta y qué problema ayuda a visibilizar, en lugar de instrumentarla para respaldar una conclusión previa.
En la evaluación de políticas públicas y fondos de aportaciones federales, obtener una meta por encima de lo previsto no demuestra automáticamente que un programa sea exitoso. Para valorar sus resultados es necesario estudiar el problema que busca atender la población a la cual se dirige y el contexto en el que opera, concluyó Díaz Espinosa.
