México no está a más de 10 mil kilómetros de EU, sí podemos

Miguel Ángel Schultz

El amor es una ave pasajera que cuando anida entorpece al pensamiento y eso es lo que le ha pasado el belicoso presidente de Estados Unidos Donald Trump, que al enamorarse de la silla presidencial de su país, ya no entiende razones, por lo que ha desatado una ofensiva brutal contra nuestro país, pero se le olvidada que México no está a más de 11 mil 600 kilómetros como Irán; ni a más de 10 mil 300 kilómetros como Corea del Norte o a 10.685 como Siria, por el contrario compartimos una frontera inmensa de más de 3 mil kilómetros, que lo vuelven vulnerable.

Es bien cierto que los 36 años de neoliberalismo nos dejaron como una nación indefensa, al haber quedado bajo la dependencia de Estados Unidos, por el modelo económico neoliberal que se inició con Miguel de la Madrid Hurtado, en 1982 que entregó, sin reserva alguna, la banca nacional al capital  extranjero, lo que representó pavimentar el camino para seguir rematando al extranjero los bienes de la Nación, hasta llegar al petróleo.

Y de ahí “pa”l real, desde luego, dependemos de Estados Unidos casi totalmente, aunque de ninguna manera representa no poder enfrentar la ofensiva bélica del racista Trump, que desde ya ha menospreciado la delegación de altos funcionarios de México, encabezada por Marcelo Ebrard, canciller de México, que fue al vecino país a buscar dialogar para encontrar una salida a su exigencia de que detengamos la migración que cruza nuestro territorio para llegar a los Estados Unidos, y el tráfico de drogas impulsado por este mismo país, por ser el principal mercado de estupefacientes del mundo.

La migración es generada por la pobreza y la inseguridad que priva en varios países del mundo, no sólo de Centroamérica sino también de otras latitudes, ya que hoy en día llegan a nuestro territorio migrantes de otros continentes de: Asia, África y Medio Oriente, incluso por vía aérea, lo que hace ver que detrás del fenómeno natural y explicable de la migración de Guatemala, el Salvador y Honduras, hay todo un operativo del que no puede estar ajeno el gobierno de Estados Unidos.

En su ceguera bélica Donald Trump no ha podido racionalizar que México no es el mismo desde el 1 de julio del año pasado, cuando fue derrotado el neoliberalismo, que no puede seguir limpiándose los zapatos con el país, como se lo permitió el gobierno de Enrique Peña Nieto, por lo que tendrá una respuesta a su agresión al incrementar los aranceles 5 por ciento a las mercancías mexicanas que ingresen a su país a partir del 10 de junio, hasta llegar al 25% en octubre.

México es el principal socio comercial de Estados Unidos, por lo que la exportaciones en el primer bimestre de este año alcanzaron un valor de 97 mil 418 millones de dólares, según lo dio a conocer  Enrique Dussel Peters, coordinador del Centro de Estudios China-México (CECHIMEX) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), al analizar los efectos de la Guerra Comercial emprendida por el gobierno de los EU contra el Gigante Asiático.

Ello hace ver que al emprender la  guerra comercial con México, terminará enredándose con su propia agresividad. Incluso este fin de semana se ha lanzado contra la India, por cierto potencia nuclear, a lo que se suma la ya de por si tensa situación con Turquía, Siria y Rusia. No se hable de las pretensiones de invadir Venezuela, lo que ya ha generado un clima enrarecido en su contra en su propio país.

Tiempos difíciles para nuestro país, pero no hay otra alternativa que enfrentarlos, no será con las armas que no tenemos, sino en el terreno diplomático; acudiendo a instancias internacionales, fortaleciendo el mercado interno, consumiendo lo que el país produce.

Habrá que exigir al gobierno de EU detenga el flujo de armas hacía México. Regresando inmediatamente a los militares mexicanos a que participen en los ejercicios militares con Estados Unidos. Debemos ver como una fortaleza los más de 20 millones de mexicanos y mexicanas viven en nuestro vecino del norte y de las simpatías que tienen México entre los habitantes del país (de ahí los millones de estadounidenses que visitan México) que tiene unas 800 bases militares en todo el mundo.  

Lo que sí podemos hacer es terminar con la guerra interna que nos carcome las entrañas, que ha sido guerra  alentada por los apátridas, para evitar que el país se siga desangrando y sumido en el dolor de la pérdida de nuestros seres queridos. Debemos de tener claro que la actuación de la delincuencia forma parte de una “guerra híbrida” implementada por el gobierno de Estados Unidos desde 1994.  

@MiguelAschultz

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Miguel Ángel

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