* Esas tecnologías tienen la capacidad de incidir en las conversaciones públicas, la cultura, percepciones y emociones: Salazar Ugarte
* Siete de cada nueve personas que necesitan apoyo emocional consultan las redes sociales: Medina-Mora Icaza
Ciudad de México.- Es sorprendente escuchar que hay quienes prefieren conversar con ChatGPT que con su pareja, familiares, amistades o médico practicante; lo más triste es observar con qué facilidad esos productos y las empresas detrás han logrado captar nuestra atención colectiva y neutralizar los esfuerzos de organización política, consideró la investigadora del Instituto de Investigaciones Filosóficas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Sarah Abel.
Esas innovaciones de las grandes compañías tecnológicas de Silicon Valley, añadió, han sido adoptadas masivamente por organizaciones, gobiernos, universidades y personas “de a pie” convencidas por promesas de incrementos en productividad, impulsadas por el miedo de perder una ventaja competitiva o por las ganas de hablar con alguien o con algo.
La experta participó en CITA (Ciencia, Innovación, Tecnología, Academia), proyecto del Centro de Ciencias de la Complejidad (C3) de la UNAM y la Academia Mexicana de Ciencias, donde se abordó el tema Inteligencia Artificial (IA): sorpresas, predicciones y desafíos.
Durante la sesión -moderada por Humberto Carrillo Calvet, académico de la Facultad de Ciencias; y Julia Tagüeña Parga, investigadora emérita del Instituto de Energías Renovables, ambos integrantes del C3-, Sarah Abel abundó:
Más allá de las culturas de misoginia y supremacía blanca que se han incrustado en los modelos de IA generativa, hay que pensar en las consecuencias de que estos sistemas hayan sido diseñados como productos, no bajo una lógica del bien común, sino con el fin de “forrar los bolsillos” de una superélite tecnócrata.
En el auditorio del C3 expuso que un escenario es que la IA seguirá siendo adoptada por empresas y sistemas educativos, legales y de salud, y las juventudes se enfrentarán con problemas para conseguir trabajo, por ejemplo.
Y, en contraste, podrían emerger movimientos ciudadanos en oposición al tecnofascismo; habría una revalorización de las economías, los trabajos de cuidado, educación y salud se volverían prioritarios, y el campo de dicha herramienta digital se dedicaría a crear tecnologías e infraestructuras para alcanzar objetivos democráticos en pro de la justicia social y planetaria.
Secuestrar el sentimiento
A decir de Pedro Salazar Ugarte, investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas, asistimos a la mayor concentración de poder económico, político e ideológico que hubiéramos podido imaginar, premisa que teóricamente sirve de base para una lógica totalitaria. Y estas tecnologías tienen la capacidad de incidir en las conversaciones públicas, la cultura, las percepciones y las emociones.
Mi tesis es que ahora se busca secuestrar el sentimiento más íntimo, personal y humano, que es el amor. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido que la humanidad vive una epidemia de soledad y el sucedáneo para ella no están siendo otros seres humanos, sino las máquinas, que tienen memoria, “que no te quieren, pero lo simulan, y no sienten, pero te provocan sentimientos”, aseguró.
Salazar Ugarte alertó que, además, los datos que se les proporcionan se van a un servidor y se monetiza. Pagamos y entregamos nuestra información personal de manera voluntaria. El amor es empatía, cuidado y solidaridad; si nos secuestran también eso, el tipo de totalitarismo al que estaremos asistiendo en los próximos años, esa es mi predicción, será autónomo.
Cambiar el modelo actual de la IA
María Elena Medina-Mora Icaza, titular de la Unidad de Apoyo a la Salud Emocional y Psicológica de la UNAM, refirió que siete de cada nueve personas que necesitan apoyo emocional consultan las redes sociales porque se les puede preguntar a cualquier hora del día o de la noche, carecen de límite de tiempo y siempre “dan la razón”.
La ex directora de la Facultad de Psicología precisó que en los últimos años ha habido incremento de estudiantes con problemas emocionales, pero sobre todo de suicidio. “Las enfermedades mentales han crecido, pero el tratamiento es mínimo”. Aproximadamente 80 por ciento de la población necesita atención y no la recibe.
Para ello se requieren nuevas maneras. El trabajo de las intervenciones digitales ha sido exitoso y efectivo, con mejores resultados entre adolescentes y jóvenes. “Se necesita la IA, pero no el modelo actual, sino con restricciones, normas y cuidados”; las universidades pueden poner límites, concluyó.
