¿Con Francisco Martínez Neri es posible un gobierno de izquierda en Oaxaca de Juárez?

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Miguel Ángel Schultz

Francisco Martínez Neri, asume la Presidencia Municipal de Oaxaca de Juárez, con un enorme capital político, con una votación superior a los 20 mil votos sobre su más cercano competidor en las urnas, unos 60 mil frente a Javier Villacaña Jiménez, del Partido Revolucionario Institucional (PRI) que alcanzó unos 40 mil sufragios, sorteando así la catastrófica administración de Oswaldo García Jarquín, también del Partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), cuya mediocridad provocó un periodo de transición de ingobernabilidad nunca antes visto en el municipio, que históricamente ha estado a la izquierda, pero que ha sido gobernado por la derecha.

Es necesario que Martínez Neri reformule lo que es la ciudad de Oaxaca y de quienes la habitan, para tener una nueva concepción, que abra paso a lo que sería sin duda un triunfo de Morena este año en la elección a la Gubernatura de Oaxaca, proceso electoral que está en curso.

La capital del estado de Oaxaca en el Siglo XIX fue bastión de la Independencia, considerada la  tercera entidad en importancia política de la Nueva España, tomada por el generalísimo José María Morelos y Pavón, en noviembre de 1812, tan importante ocupación que permitió a las fuerzas insurgentes acumular fuerzas para profundizar su lucha independentista con recursos económicos, armas y acrecentar su capacidad teórica, que se tradujo en el Congreso de Anáhuac, de 1813, celebrado en Chilpancingo, Guerrero.

No es solo a través -como lo hizo en su discurso inaugural mencionando a Salomón Jara Cruz, senador con licencia-, haciendo notar que no estaba presente, pero que sí lo invitó, sin decir nada de los otros dos senadores Susana Harp Iturribarria y Raúl Bolaños Cacho Cué.

Lo anterior puede tomarse como un virtual respaldo a Jara Cruz y un deslinde hacia Harp Iturribarria, que impugna la legitimidad del nombramiento de Jara Cruz, como candidato a la Gubernatura de Oaxaca por Morena y sus aliados.

Tampoco llegó Eduardo Martínez Helmes, ex rector de la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca (UABJO), quien fue detenido horas antes del relevo de autoridades municipales, acusado como presunto responsable del desvío de recursos públicos, y que era uno de sus invitados especiales.

Esta inseguridad de reconocer el potencial transformador de la capital del estado desde la izquierda, ha permitido ceder el poder y ofrecerlo a conversos, como Gabino Cué, ejecutor de la masacre de Nochixtlán y recientemente García Jarquín, que utilizaron la energía popular para hacerse del poder y gobernar con los mismos vicios de la derecha y aún peores, como lo hizo García Jarquín.

Martínez Neri está, no ante un reto de construir una “buena administración”, sino sumarse al plano nacional, que aporte lo necesario para consolidar el proyecto de la Cuarta Transformación del presidente Andrés Manuel López Obrador, lo que no se vio en el discurso del edil capitalino, que estuvo lleno de lugares comunes, producto de concesiones a los intereses que se oponen de manera ladina a la transformación de México, pero que están dentro de la administración pública y cargos de elección popular, gracias a sus habilidades convenencieras.

Hay que recordar que la ciudad de Oaxaca fue en parte la fragua del liberalismo de México del siglo XIX, donde se formaron una buena parte de los hombres que vencieron a los conservadores, que ofrecieron a México como banquete al imperialismo francés; derrota que no solo fue con las armas, sino también con la ideas y con la capacidad de gobernar.

Los liberales del siglo XIX en Oaxaca se educaron en el Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca, Marco Pérez, Matías Romero, Porfirio Díaz, Benito Juárez, hombres que no cayeron del cielo, sino que fueron resultado de un proceso que no se explica sino hubieran sido acompañados por quienes habitan esta ciudad y que han mostrado su potencial transformador, que se vio quebrado por la dictadura porfirista y por quienes asaltaron el poder durante la revolución convirtiendo a Oaxaca en un nicho conservador.

Sin embargo, la resistencia popular ha dado frutos como lo fueron las rebeliones que quitaron a los gobernadores Manuel Heredia, Manuel Sánchez Cano, en la década de los 50s del siglo pasado y a Manuel Zárate Aquino, en los 70s. Así como el levantamiento en contra de Ulises Ruiz en el 2006, aunque no se alcanzó la remoción, porque contó con el respaldo del neoliberalismo de los gobiernos panistas de Vicente Fox Quesada y Felipe Calderón Hinojosa, además de un radicalismo auspiciado desde los sótanos del poder.

Redacción

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